
Cd. Obregón, Sonora.- Un espacio seguro, recreativo e inclusivo para niñas, niños y jóvenes con discapacidad ofrece el Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON), a través de la Escuela de Deporte Adaptado, en el Campamento Inclusivo, iniciativa que además fortalece la formación académica y humana de estudiantes de la Licenciatura en Ciencias del Ejercicio Físico (LCEF).
La maestra Blanca Giselle Vea Martínez, docente de la LCEF y responsable del proyecto, explicó que este campamento desarrollado durante el periodo vacacional, está dirigido principalmente a personas con alguna discapacidad, con el objetivo de promover la convivencia, la recreación y la interacción social en un entorno donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de participar.
“El verano es un tiempo de descanso, pero también de diversión y creo que la población con discapacidad también tiene derecho a vivir esas experiencias y esos momentos tan bonitos que todos, en algún momento, disfrutamos, sobre todo durante nuestra infancia”, expresó.
Indicó que, durante el campamento, las y los participantes realizan una amplia variedad de actividades adaptadas a sus necesidades, entre ellas actividades acuáticas, baile, manualidades, ejercicios de motricidad, fútbol, acondicionamiento físico adaptado, además de actividades recreativas como cine y paseos a diferentes destinos de la región, incluyendo el delfinario de Guaymas, Playa Miramar y la ciudad de Navojoa.
La responsable del proyecto destacó que, además de ser un espacio recreativo, cada actividad favorece el desarrollo físico, motriz, social, emocional y cognitivo de las y los participantes, al tiempo que fortalece su autoestima y habilidades de interacción.
“Muchos de ellos tienen pocas oportunidades de vivir este tipo de experiencias. Aquí conviven sin etiquetas ni señalamientos, interactúan con jóvenes universitarios y con otros participantes, y eso genera aprendizajes muy importantes para todos”, señaló.
Asimismo, resaltó que uno de los mayores logros del campamento es la convivencia cotidiana, donde pequeños avances, gestos de comunicación y momentos compartidos entre estudiantes universitarios, participantes y familias reflejan el verdadero sentido de la inclusión.
Además del impacto en las familias participantes, el Campamento Inclusivo representa un importante escenario de aprendizaje para estudiantes de la Licenciatura en Ciencias del Ejercicio Físico, quienes colaboran como monitores y facilitadores de las actividades.
Vea Martínez explicó que muchos de los jóvenes comienzan su acercamiento al deporte adaptado desde tercer semestre, en la asignatura de Inclusión en la Educación Física, y posteriormente se integran a proyectos como clases de natación adaptada, torneos de básquetbol sobre silla de ruedas y otras actividades impulsadas por la Escuela de Deporte Adaptado. “Es una formación académica, pero sobre todo una formación personal”.
Comentó que el campamento inició en 2019, tuvo una pausa debido a la pandemia y fue retomado en 2022. En su edición 2026 participan 18 niñas, niños y jóvenes, atendidos por 11 estudiantes universitarios de la LCEF, número que depende de la capacidad de acompañamiento de las y los futuros profesionales.
Finalmente, la maestra Blanca Giselle Vea Martínez hizo un llamado a las y los profesionales del área de Educación Física, Cultura Física y disciplinas afines a impulsar más iniciativas que promuevan la participación de personas con discapacidad. “Tenemos la oportunidad de crear espacios donde, además del aprendizaje, exista diversión”.
Asimismo, invitó a toda la comunidad a fortalecer la cultura del respeto hacia las personas con discapacidad mediante acciones cotidianas que favorezcan su inclusión y el ejercicio pleno de sus derechos.
Las familias participantes coinciden en que el Campamento Inclusivo representa mucho más que una actividad de verano. En el caso de Marta Pérez Ortega, madre de Ángel David Valenzuela Pérez, compartió que conocieron el programa por recomendación de un docente y desde entonces han permanecido vinculados a las actividades de la Escuela de Deporte Adaptado.
“Mi hijo ha avanzado mucho en todos los aspectos. Está más despierto, participa más en actividades sociales y siempre viene muy contento. Su actividad favorita es el baile y la natación”, expresó.
Por su parte, Lourdes Hostos destacó que el principal beneficio ha sido el fortalecimiento emocional de su hijo. “Aquí se siente visto, aceptado e incluido. Eso mejora su autoestima, su seguridad y el sentirse que es parte de algo. Son espacios que hacen mucha falta para nuestros jóvenes y adultos con discapacidad”.
Mientras tanto, Juana Campa, madre de Juan Francisco, un niño de 11 años con autismo y déficit de atención, señaló que el campamento ha favorecido cambios positivos en la conducta de su hijo. “Llega más tranquilo a casa, interactúa con otros niños y su actividad favorita es la natación. Hay pocos espacios como este y el trato que reciben por parte de las y los maestros es muy bueno, es una maravilla de lugar”.